En Estados Unidos y Canadá hay una cosa que pocos entienden, pero que nosotros llevamos tatuado en el alma: el latino no se rinde ni aunque le quiten la silla, el chance y hasta el WiFi.
Porque sí, la vida aquí es rápida, pesada y a veces bien injusta, pero también es el lugar donde muchos hemos aprendido a hacer magia con lo que hay.
Esta última semana lo vimos clarito.
Mientras medio mundo anda con cara larga por los problemas, el latino anda haciendo espacio, metiéndole fuego, buscando billete y levantando familia.
¿Cansados? Todos.
¿Derrotados? Jamás.
Aquí no hay tiempo para llorar… se llora en el carro, se seca la lágrima y se sigue.
Lo que pasa es que afuera no captan algo esencial:
Venimos de lugares donde sobrevivir ya es una maestría.
Así que cuando la vida nos empuja, nosotros le respondemos con una frase muy sencilla:
“Dale pues, que yo puedo más.”
Hoy, lunes 17 de noviembre, es buen momento para recordarlo:
Somos gente que trabaja doble, ama fuerte, pelea limpio y se levanta mil veces.
Somos los que ponemos sabor donde solo había silencio.
Somos los que convertimos un mal día en un chiste, un problema en un plan, un sueño en una realidad.
Y aunque a veces toque enfrentar invierno, jefes pesados, tráfico eterno o nostalgia que muerde…
el latino siempre encuentra su propio calor:
la llamada con la mamá, el café negro cargado, el playlist viejito que arregla el alma, el “sí se puede” que sale desde adentro.
Así que arranque esta semana con pecho firme y corazón caliente.
La vida se pone brava… pero nosotros nos ponemos más bravos.
Y eso nadie lo cambia.